Con el nacimiento del bebé, la vida de unos padres cambia para siempre. Deben hacer todo lo posible para que el peque crezca sano y feliz, y deben hacerlo desde el primer momento. Todo comienza con el primer llanto del bebé.

Tras el parto, la madre creará un vínculo emocional exclusivo con el nuevo miembro de la familia. El padre, por su parte, tendrá que ir creando este vínculo con otra serie de tareas y cuidados. Pero pronto el bebé establecerá la conexión con él.

Además, puede llevar a cabo una serie de labores que faciliten el día a día de todos, y son de vital importancia en la vida del bebé. ¡El papel del papá es imprescindible!

El padre es un apoyo

Es posible que, tras el parto, la madre experimente cambios físicos y hormonales, no siempre favorecedores. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión postparto afecta a una de cada seis mujeres. Ésta se caracteriza por una constante tristeza, además de irritabilidad y pérdida de interés por las actividades de disfrute.

Por ello, es de vital importancia que el padre esté a su lado para hacer frente a esta etapa. La compañía y la escucha jugarán un papel fundamental en la “mejora” de la madre. Su apoyo es imprescindible para que el nacimiento del bebé no suponga un motivo de preocupación; ¡todo lo contrario!

El padre es un pilar

Si el bebé es lactante, se creará un vínculo emocional único entre él y su madre. Dicho vínculo es imprescindible para su desarrollo afectivo y físico, por lo que es importante que se establezca. No obstante, esta situación no excluye al padre. Aunque la lactancia materna es exclusiva de la madre, el padre puede ejercer su labor de padre y crear ese vinculo afectivo.

Desde que el bebé nace, el padre debe involucrarse en su día a día. En este sentido, el contacto físico es fundamental. Un simple gesto como hablarle o cogerlo en sus brazos a diario hará que el peque se acostumbre a su presencia. Con ello, la figura paterna será necesaria en su vida. A partir del séptimo mes, comenzará a producirse una “desconexión” entre madre e hijo y, para ese entonces, ya se habrá establecido una relación de confianza entre ambos.

El padre es un trabajador

Las primeras semanas, la madre estará cansada y necesitará reposo para recuperarse del parto. Durante este tiempo, el padre puede ocuparse de las tareas diarias, las que incumben al cuidado del bebé y las propias del hogar.

Pasado este periodo, es importante que se opte por un reparto equitativo de las labores domésticas y de los cuidados del bebé; ninguna de las figuras paternales debe sentir que son su absoluta responsabilidad.

El padre es un organizador

Más allá de las tareas del hogar, el padre puede asumir el papel de organizador. Las cuestiones burocráticas pueden ser responsabilidad suya, así como la gestión de las visitas. Es muy posible que sean muchas las personas que quieran dar la bienvenida al nuevo miembro de familia, pero, aunque se trate de un momento de alegría, es imprescindible dar prioridad a las necesidades del bebé y, sobre todo, de la madre.

Con todo, el rol del padre en el postparto, también en la crianza, resulta ser fundamental en el correcto desarrollo de su hijo. Este papel, no obstante, no debe suponer un motivo de agobio. Los padres, aunque no se hable tanto de ello, también tienen instinto paternal y, con éste, sabrán qué es lo mejor para su familia. ¡Sólo hace falta confiar!

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