Los bebés no suelen presentar intolerancia a la lactosa. A no ser que sean prematuros o que la hayan heredado de alguno de sus padres, es más habitual que se dé cuando son más mayores, en su adolescencia.

¿Qué es la intolerancia a la lactosa?

La intolerancia a la lactosa se debe a la falta de la enzima lactasa. La lactasa descompone la lactosa, el principal azúcar de la leche. Si la lactosa no se digiere, puede provocar algunas molestias. Los síntomas de la intolerancia a la lactosa son muy parecidos al de otras dolencias, por lo que puede ser difícil diagnosticarla. La intolerancia no es lo mismo que la alergia a la leche de vaca. La alergia a la leche de vaca es una respuesta del sistema inmunitario, mientras que la intolerancia a la lactosa es un problema digestivo. Los síntomas a la intolerancia a la lactosa pueden tardar entre un minuto y tres horas en aparecer tras la ingesta de leche.

Los síntomas incluyen:

  • Diarrea
  • Hinchazón de estómago
  • Gases
  • Dolor abdominal
  • Vómitos
  • Ruidos intestinales

Estos síntomas son bastantes molestos, así que tu bebé puede estar inquieto y llorar.

¿Cómo se trata la intolerancia a la lactosa?

Si crees que tu bebé puede tener intolerancia a la lactosa, habla con tu pediatra. Podrá ayudarte y asegurarse de que tu bebé sigue tomando todos los nutrientes que necesita.

Si todavía estás dando el pecho, puede que te recete unas gotas de lactasa. Que ayudarán a descomponer la lactosa de tu leche materna. Las gotas de lactasa se pueden mezclar con la leche materna extraída en un bote esterilizado o puedes dárselas a tu bebé directamente con una cuchara justo antes de darle el pecho. No tendrás que cambiar tu dieta porque la lactosa se produce en el pecho y no está relacionada con la cantidad de lactosa que consumes.

Si tu bebé toma leche de fórmula, existen leches de fórmula sin lactosa a las que puedes recurrir, pero habla antes con un profesional sanitario para que te asesore.
Si tu bebé ya toma sólidos, tendrá que evitar los alimentos que contengan lactosa. Lee bien las etiquetas de los alimentos y presta especial atención a estas palabras: suero de leche, sólidos de leche en polvo, cuajo, subproductos lácteos y leche desnatada en polvo. ¡Debes evitarlas a toda costa!

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