Puede que suene inverosímil, pero el momento del año en la que nacemos puede llegar a influir en cómo seremos en un futuro. Las condiciones meteorológicas que se den durante el embarazo tienen efectos en nuestro desarrollo, más de los que podamos imaginar.

Este verano os hablábamos de los beneficios de nacer en la época estival; ahora, es el turno del otoño. Dar a luz con la llegada del frío puede mejorar la vida de nuestros bebés, así como su organismo. ¡Pero veámoslo de forma más detenida!

Unos huesos más resistentes

Si nuestro bebé nace en entre octubre y febrero, sus huesos serán propensos a ser más fuertes. Con parte del embarazo en los meses estivales, la exposición al sol favorecerá la absorción de vitaminas D. Éstas se transmiten al bebé a través de la placenta.

La vitamina D desempeña una labor muy importante en el desarrollo de los huesos, favoreciendo la absorción del calcio, por lo que estos saldrán más reforzados que si naciese en otra época. Además, ayuda a absorber otros minerales como el fósforo.

Una vida más longeva

Según Max Planck Society, un instituto alemán, es posible que exista una relación entre la época del año en la que naces y la duración de la vida. Así, los nacidos en meses más fríos tienen más posibilidades de vivir más años. ¡Pero éste no es el único estudio!

El Centro de Estudios de Envejecimiento de la Universidad de Chicago ha llevado a cabo un estudio con el que, analizando a más de 1500 personas, han llegado a la conclusión de que las personas que nacen entre septiembre y noviembre tienen una vida más longeva. ¡Hay un 40% más de posibilidades de que lleguen a los 100 años!

Con ello, se defiende que el entorno y el ambiente en que un niño nace y se desarrolla, en este caso, el otoño, son determinantes.

Una vista más precisa

Según la revista Ophthalmology, la miopía está determinada por las condiciones de los meses en que nazcamos. Así, los bebés nacidos en otoño tienen mejor vista, mientras que los niños nacidos en verano tienden a tener deficiencias. El origen de esto último puede residir en la exposición a la luz solar durante los primeros meses de vida.

Una mayor altura y un mejor peso

Aunque la diferencia es casi imperceptible, los niños nacidos en otoño son más altos y tienen mejor peso. Para ser exactos, 0,19 centímetros más altos y 210 gramos más; así lo determina la Universidad de Harvard.

Igual que sucede con los huesos, estas características pueden encontrar su causa en el verano. Durante estos meses, la exposición a posibles infecciones es más baja que en otras épocas del año y, además, las condiciones climáticas pueden favorecer el desarrollo del bebé, con especial mención a las vitaminas de la alimentación.

Con todo, se demuestra que no tenemos que estar preocupados si nuestro bebé va a nacer con la llegada del frío. Como hemos visto, son varias las condiciones de las que se beneficiará a lo largo de su vida. Pero lo más importante es que estemos preparados para su llegada, para tener a su disposición todo lo que pueda necesitar.

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