Se considera que un bebé tiene fiebre cuando su temperatura corporal es superior a lo habitual. En la mayor parte de los casos, ésta es consecuencia de una infección o enfermedad. Sin embargo, también es posible que se deba a un exceso de ropa o a una vacuna.

Para medir la fiebre, podemos elegir diferentes métodos. Los más conocidos son vía oral, en la axila y en el recto. Si se mide en el oído, la temperatura debe ser superior 38 ºC; si se mide en la axila, 37,2 ºC; por último, si es vía rectal, 38 ºC. Sólo así podemos confirmar que nuestro bebé tiene fiebre.

Sea cual sea el método que hayamos elegido, es importante que utilicemos un termómetro digital, no de mercurio. Así lo recomienda la Asociación Española de Pediatría.

Termómetro de oído

El termómetro de oído se caracteriza por ser rápido y cómodo. Sin embargo, es recomendable que no lo utilicemos si nuestro bebé tiene menos de seis meses. Los canales de su oído están menos desarrollados, lo que puede dificultar la introducción del termómetro. Con ello, el resultado puede ser impreciso y, además, podemos dañar el oído del peque.

Para medir la fiebre con este método, tenemos que estirar la oreja del bebé, con cuidado, e insertar el termómetro. Para que el resultado sea preciso, tenemos que asegurarnos de que introducimos bien la sonda. Si tenemos dudas, podemos pedirle a nuestro pediatra que nos explique cómo proceder con el termómetro de oído.

Termómetro rectal

El termómetro rectal es uno de los métodos más fiables para medir la fiebre del bebé. Sin embargo, no todos aceptan esta forma, por lo que no siempre podemos recurrir a él. Para obtener un resultado preciso, debemos seguir unos pasos concretos.

En primer lugar, tenemos que limpiar la punta del termómetro. Para ello podemos utilizar agua y jabón, pero también existe la opción de utilizar alcohol. Tras llevar a cabo la limpieza de la punta, debemos enjuagar el termómetro con agua fría. Así nos aseguraremos de que está completamente limpio.
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A continuación, tenemos que colocar al peque boca abajo en una cama; en esta posición estará más cómodo. No obstante, también podemos sujetarlo entre nuestros brazos. Para introducir el termómetro en el culito de nuestro bebé, tenemos que comenzar añadiendo vaselina a la punta del termómetro. El fin de este paso es que sea más fácil la inserción del mismo. Cuando esté listo, introducimos 2 centímetros del termómetro por el recto, aproximadamente. Con el fin de obtener un resultado preciso, es importante que sujetemos las nalguitas del peque. Si el termómetro no está firme, se moverá constantemente, lo que impedirá medir la temperatura bien.

Al ser un termómetro digital, no debemos retirarlo hasta que no suene. Cuando lo hagamos, debemos limpiarlo, una vez más, con alcohol o agua y jabón. Lo volvemos a enjuagar con agua fría y, antes de guardarlo, debemos secarlo.

¡Ojo! La introducción del termómetro en el culito del peque puede estimular sus intestinos. Por tanto, es muy probable que se haga caca nada más acabar con la medición de la temperatura.

Termómetro axilar

El termómetro axilar se trata del método más fácil y seguro para la medición de la fiebre. Para ello, sólo necesitamos un termómetro digital común. Sin embargo, no es tan preciso como los anteriores, por lo que es recomendable utilizarlo a partir de los tres meses.

Para medir la fiebre con este termómetro, tenemos que desvestir a nuestro peque, a fin de tener la zona de las axilas libre. Es importante que dicha zona esté seca antes de colocar la punta del termómetro. Cuando éste suene, debemos retirarlo.

Otros métodos

  • Termómetro de chupete. Como su mismo nombre indica, se trata de un chupete que, en su base, cuenta con un termómetro digital. A la hora de medir la fiebre, debemos tener en cuenta que el resultado siempre es 0,5 ºC más que el obtenido con el axilar y 0,5 ºC menos que el obtenido con el rectal.
  • Termómetro de tira plástica. Se trata de tiras plásticas que se colocan en la frente del peque para saber si tiene fiebre. No obstante, no indican la temperatura exacta, por lo que no son tan fiables como los termómetros axilares, rectales o de oído.

Recomendaciones generales

  • Si nuestro bebé tiene fiebre, es importante que consuma muchos líquidos (leche, agua, zumos naturales…) para evitar la deshidratación. También debe alimentarse cuando le baje la fiebre, pero nunca debemos forzarlo. ¡No debe comer si no tiene apetito!
  • El peque tiene que descansar más de lo habitual. Esto no implica que esté todo el día acostado, pero tampoco debe gastar energía si no es necesario.
  • Aunque la temperatura corporal de nuestro hijo sea elevada, no tenemos que abrigarlo; ¡todo lo contrario! Tenemos que ponerle ropa fresca.
  • Para bajar la fiebre, es recomendable que bañemos al peque. El agua debe ser siempre tibia, nunca fría ni caliente. Si le damos un baño, no debemos medirle la temperatura hasta que no hayan pasado 25 minutos. De lo contrario, el resultado no será preciso.

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